Se levanta e intenta erguirse,
es un molde de hierro
que oculta columnas erosionadas,
tactos que gritan,
ausencias inexplicables,
columpios que oscilan
entre identidades.
Él es un hombre,
una mujer de agua,
un niño abandonado,
un adolescente maltratado,
un arroyo de agua,
un arrullo oculto
en calles de metrópolis,
un templo sin fuego,
una casa sin habitantes,
una estrella en el cielo.
Su tragedia es épica,
es la búsqueda de algo que
no sabe si existe.
Está embriagado de esperanza,
tiene la nariz untada de utopías,
de abrazos que no le dieron,
de orgasmos que nunca fueron,
de palabras dulces que desaparecen
y estallan en la oscuridad.
Y debajo de la piel oculta la ira,
la que no pudo usar nunca,
porque el mundo está bien
está bien…
y lleno de mierda.
Detrás de las gafas están las pupilas
y en la retina una proyección
que siempre es catástrofe.
Quería morirse de viejo
pero la vida a veces mata
sobretodo si no es vida.