Las Personas que Debí Querer Más

Andrea era una niña inteligente, fuerte, decidida, un año mayor que yo. Entonces yo vivía en el occidente de la ciudad, en un barrio llamado Castilla. Nuestras mamás eran amigas y Andrea y yo, mejores amigos. Jugábamos en su parque porque era un conjunto cerrado. Además vendían dulces de morita, que ella siempre compraba para los dos.

Jugábamos con sus muñecas de Sailor Moon, compartíamos en los cumpleaños, era alguien muy importante en el corazón de la persona que fui de los 4 a los 6 años. Ella era fuerte, detenía a los chicos que estaban en los rodaderos para que yo pudiera jugar. A veces jugábamos a pegarle a las matas de las vecinas. Y a Junior siempre le decíamos que le salían flores por la cola. Chiste que nos daba mucha risa y que por cierto significó muchos llamados de atención.

Mi familia dejó Castilla porque nos fuimos a Nicolás de Federmán. Comencé a estudiar en un colegio masculino y me llené de complejos. Por un lado, era más consciente que era gay y por otro, me alejé del mundo de las mujeres. De mis aliadas. De las personas que quería. Entre los niños hombres, las mujeres eran algo así como nuestras enemigas. Y toda interacción con ellas era vergonzosa, reproductiva o extraña. Mi entorno destruyó parte de mi corazón.

Llegó mi cumpleaños y llegó Andreita. Me morí de la vergüenza. No sabía cómo comportarme con una mujer, una vez había atravesado el mundo de los chicos. Le huí y ella me persiguió. Yo seguía sin saber cómo actuar. No quise jugar con ella. Para ella debió ser horrible. Era una niña de ocho años. Era mi mejor amiga.

Nunca más nos vimos, ni siquiera por coincidencia. Y justo ahora pienso en toda la gente linda que se ma ha cruzado por la vida. Lo infiel que fui a mí mismo, a mi corazón. Pienso en todo lo que debí haber hecho contrariando la estupidez de mis hermanos y los seres acomplejados que me rodeaban. Y me gusta pensar que de haberlo hecho bien, Andrea todavía sería mi amiga.

Hace poco revisé su perfil. Es gerente de talento humano en Latam. Sigue siendo fuerte, inteligente y sensible, como la niña que conocí.

Dónde estés, perdóname. Yo no merecía una amiga como tú. Tú te mereces todo lo bueno que te ha ido pasando. Fuiste una de las personas más importantes para el niño que fui.

Publicado por WalkingtoRest

Ich bin Iván

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