El Otro y el Período

Muchas mujeres se quejan de que el machismo está tan engranado en la sociedad que cuando quieren hacer reclamos justos, son tratadas de hormonales. Y esas críticas han tomado tanto vuelo que resulta inapropiado decirle a cualquier persona que está hormonal. Yo mismo me he visto con períodos de mucha sensibilidad e irritabilidad que con el paso del tiempo he empezado a asociar a las presiones del día a día o a la falta de amor. Vamos, no es tan difícil entender que frente a situaciones estresantes, todos nos volvemos menos tolerantes.

Tuve una semana de mierda. Dos auditorías pesadas en Hamburgo y en Ausburgo, más la presión de preparar los documentos para el Organismo de Acreditación. Decidí quedarme un día más en Ausburgo porque me parece una ciudad preciosa. La última vez que la visité me pareció limpia, bonita y tranquila.

Bueno, me quedé para ir a una famosa fiesta en la que bailé pero no conocí a nadie; me hablaron tipos en Grindr que querían que les dijera que me iba a acostar con ellos sólo porque me saludaban; y fui a un museo dónde un celador me persiguió sala tras sala. El tipo se quedama mirándome intensamente y eso es algo que a mí en lo personal me fastidia. Apenas me movía de una sala a otra el tipo ni siquiera disimulaba que me estaba persiguiendo.

Me incomodó no disfrutar los cuadros, la posibilidad de conocer nuevos artistas y fijarme en las tonterías que me gustan. Cuando veo un cuadro, me gusta ver si tiene estructuras triangulares, si tiene colores de la escala cromática que sean opuestos. También me gusta ver las fechas, imaginarme la época, intentar imaginar qué intentaba atrapar en su obra. Como lo dije, son puras tonterías.

Mientras veía los cuadros, sentía a este tipo zapateando duro. Intenté respirar y prometerme que no iba a hacer uno de mis numeritos. No pude seguir viendo los cuadros. Me había enfadado y mi mente no dejaba de pensar en qué debía hacer.

Tras acercarme a la salida, dos mujeres me preguntaron si ya había visto la última sala. Les dije que nadie me había explicado nada pero que por el contrario, todo el mundo si me había seguido. Intenté seguir viendo los cuadros y el tipo volvió, como un perro con rabia. Y me cansé, me despedí (al tipo se le descolocó la cara) y me fui.

Le pregunté a la mujer de la exposición permanente si eso era normal. Ante lo cual me dijo que sí. Estiré mi mano con la boleta de entrada para dejársela y dijo «oh pero hay una sala preciosa que usted debería ver». Siguió diciendo bobadas mientras yo bajaba las escaleras y me largué a la recepción. Allí les pregunté cómo enviar una queja. Me dijeron que escribiera en el libro de visitantes (quién diablos lee el libro de visitantes?) a lo cual acepté que no me iban a ayudar y me largué.

A veces me pregunto si exagero. Si soy muy susceptible porque muchas veces en la vida permití que me discriminaran. Quizás tengo una herida abierta. A veces me da temor lastimar a otros seres sólo por mi «arrogancia» y «ego personal». Sin embargo, también entiendo que día tras día el mundo me ha demostrado que no soy tan bienvenido como el resto de mortales. Y a veces no lo niego, quisiera mandarlos a todos a la mierda.

Publicado por WalkingtoRest

Ich bin Iván

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